Juanito y Ambar

La truculenta historia de Johnny y Amber, en España, hubiera tenido un recorrido muy diferente. Para empezar, tendríamos que cambiarles los nombres y castellanizarlos como Juanito y Ambar. Tampoco sería un proceso de “difamación” (la injuria o calumnia de toda la vida) sino un asunto de Violencia contra la Mujer (de los de los últimos muchos años).

Juanito y Ambar

Por Javier Beltrán-Domenech

Vayamos con todo el sarcasmo e ironía posible (no queda otra) al escenario más gris donde nada esté claro pues, casuística hay mucha, lógicamente existen justiciables que se merecen la cárcel por maltratar a su mujer, a su marido o a su familia.

Juanito y Ambar, posiblemente, no vivirían en una mansión sino en un piso de un barrio normal y corriente, quizá de no más de 90 metros cuadrados y dos baños (uno sin ventana) También podrían tener un bungalow o un bonito adosado. Ganarían entre 20 y 35 mil euros al año cada uno. Superando la media que he explicado, también los hay verdaderos millonarios que también son justiciables y se han pasado por el calabozo. Tendrían uno o dos hijos de entre 4 y 10 años y dos coches.

Por los motivos más peregrinos que se pueda pensar ella habría ido, por consejo de una compañera de trabajo o de una amiga, a un Centro-Mujer, Ayuda a la Mujer, Mujer 24 horas o un nombre parecido, donde le habrían explicado más o menos lo que tenía que hacer y qué derechos tendría por razón de su sexo, perdón, género (¿o es al revés?)

Ambar le habría denunciado yendo a Comisaría o Guardia Civil mal vestida, ojerosa y sin más prueba que una confesión más o menos lastimera de desesperación ante su presencia. Preguntada para que dijera si le había pegado, diría que no, bueno que algún empujón. Preguntada para que dijera si era violento, diría que sí, a veces pegaba golpes en la mesa y cosas así, gritaba a sus hijos y eso. Preguntada, finalmente, si le tenía miedo, callaría y luego diría que sí, que últimamente que se temía lo peor. Diría que no lo había denunciado antes por no perjudicarle.

Aportaría alguna grabación o mensaje, no concluyente, ante el policía que, por no poder pasar ni un caso, llamaría a Juanito inmediatamente.

Juanito y Ambar

Le dirían que si por favor éste podía ir a verles, para evitar tener que ir ellos con el coche patrulla (la gasolina está carísima y queda fatal salir de tu casa o trabajo con las manos atadas) Allí, con abogado propio o de oficio, le detendrían formalmente, le leerían unos derechos y garantías para defenderse, pues así lo decía la Constitución, y luego según la hora del día, le llevarían al Juzgado o, si era ya tarde y parecía que el tipo podría volver a su casa malhumorado, al calabozo de la Comisaría. Sí, les llevan un bocadillo y desayuno. Sí, huelen muy mal. En el momento de la detención, Juanito posiblemente no llevaría encima los muchos correos, mensajes y alguna grabación de ella pegándole y provocándole, algunas veces con copas de más, otras con menos. Tampoco llevaría una maletita de viaje con ropa para cambiarse ni asearse.

En el Juzgado de Violencia sobre la Mujer, que es donde llevan a los malvados diablos sobre las 10 horas del día siguiente, le tocaría declarar ante un juez, o jueza. Juanito, que está mazado y lleva tatuajes, está ojeroso, cansado y parece mucho más intimidante que con una camisa y una chaqueta. Si bien lo negaría todo, no tendría más posibilidades que aceptar que Ambar se quedara con el uso y disfrute de la casa, el coche, a los niños y le “pondrían” una pensión de alimentos provisional, dejando para un futuro conocer mejor sus ingresos y ya si eso el divorcio. Sí, posiblemente habría una orden de no acercarse a ella de unos 300 metros que complicaría todo aún más con sus hijos.

El juicio se hace sí o sí. Pero no habría durado seis semanas como en los USA (alucinante), sino unas pocas horas (quizá me he pasado y sería menos de una) y la decisión sería de un solo juez, sin jurado ni esa parafernalia tan de película. La prueba definiría bastante las cosas y, en el mejor escenario, pese a que el Ministerio Fiscal pediría su condena, Juanito saldría absuelto gracias a que no se ha podido acreditar las mentiras que ella decía. Eso de las responsabilidades civiles millonarias aquí son rara avis.

Sería sin costas, y Ambar no tendría que abonar ni un céntimo de los honorarios de abogado y procurador de su pareja, le hubieran costado lo que fuera. El coste de luz, funcionarios públicos como agente, policía y guardia civil, seguridad privada del edificio y el Magistrado o juez, así como todo el papel y tramitación lo costearíamos todos los españoles. Los posibles beneficios que se le concederían a ella por el maltrato, absuelto o no, los pagaríamos también todos.

Ella seguiría en la casa, con el coche y los hijos. Los vecinos de la comunidad, qué barbaridad, ya sabrían las más apocalípticas historias falsas de lo que él le hacía y nunca le mirarán igual. Total, si llevaba sin ir por allí casi ya seis meses!!, dirían como en Fuenteovejuna. Ambar ya se habría encargado de explicar lo malo que era, incluso publicándolo en alguna red social pensando que, siendo mujer, existía la barra libre. Montones de amigos y amigas comentarían la publicación pidiendo su cabeza.

Juanito y Ambar

Denunciada por Juanito, si le quedaban ganas, por denuncia falsa, Ambar saldría absuelta. Denunciada por Juanito por lo de las Rdes sociales, e injuriarle, o calumniarle, Ambar en el peor escenario tendría que pagarle 180 euros, pero, sin duda, alguna asociación pública proveería los fondos para su pago con cargo, cómo se te ocurre pensar otra cosa, al erario público.

Si Juanito y Ambar salieran en la tele o en el cine, la cosas anterior no cambiaría mucho pero varios programas de radio y TV se regodearían en la más sabrosa carnaza y, sin duda, alterarían las versiones con contertulios versados en Derecho que hablarían de “Demanda penal” y de “querella penal”. Pasarían de ser demonios a ángeles “y viceversa” en función de qué cadena emitiera los debates jurídicos sobre ellos.

Juanito y Ambar no es sino una historia de cómo la Justicia en España, literalmente, no existe ni existirá mientras un solo hombre sea considerado culpable de cualquier delito por ser, precisamente, un hombre.

www.javierbeltran.org

Javier Beltrán-Domenech
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