Toda crisis es una nueva oportunidad. La ocasión idónea tanto para asentar nuestros cimientos como para detectar lo superfluo. Donde quedan al descubierto nuestras verdaderas vulnerabilidades. Para diferenciar lo sólido, de lo hueco, del lastre.
Toda crisis es una nueva oportunidad. La ocasión idónea tanto para asentar nuestros cimientos como para detectar lo superfluo. Donde quedan al descubierto nuestras verdaderas vulnerabilidades. Para diferenciar lo sólido, de lo hueco, del lastre.
Los abogados tenemos que ser conscientes ya de nuestro poder. Unir a todos los Colegios y actuar en “comandita”. Seamos ya conscientes del verdadero poder de la toga, de la palabra, del empleo correcto de las leyes y utilizarlos para el bien común y poder AVANZAR. Recuperar de forma correcta los llamados “derechos civiles, laborales y administrativos” de todos los ciudadanos, por igual. No estar callados ante las injusticias de Gobiernos y Tribunales cuando se politizan. Basta de designación de jueces por los partidos políticos.
Con la suspensión de la actividad docente presencial surgieron diversas y numerosas dudas colectivas, tales como: ¿Qué va a pasar ahora? ¿Vamos a perder el resto del curso? ¿Tocará repetir ciertas asignaturas y/o el curso? ¿Qué pasa con la selectividad? Y con éstas, muchas más.
En definitiva, existe la convicción entre diferentes profesionales en la materia de que el uso de un lenguaje claro tanto en sentencias, leyes, resoluciones administrativas… favorece el desarrollo de los sistemas democráticos, dado que se producirá también la confianza de los ciudadanos en las instituciones.
Sr. Sánchez, no estamos en guerra. Es un virus, y no tiene ideología militar. Si estudia Ud la historia, y vida, de los anteriores políticos y militares, a los que le hacen emular desde que llegó a la Moncloa, sabrá que en una guerra no se tiene a la población desarmada, amedrentada, convertida en policía de su vecino, con la televisión y series a tope, eso sí.
Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? es una frase del famoso Cicerón que me viene al pelo por la pura desesperación mental en la que estamos todos viendo la gestión médica, política y económica que se está haciendo de la maldita Pandemia. Traducida del latín dice así: ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
Se puede hacer algo y se puede recular. Esto no es político, es de ineptos sin color ni tinte. El problema no es que la Pandemia hubiera podido impedirse, que no. El problema es que cuando ha llegado nuestros gobernantes estaban en un orgía de sostenidos, de brillos y fotos, de aviones privados, de manifas inútiles, de problemas ficticios, de venganzas históricas y de plena autodestrucción de un país de personas que, lo hemos demostrado siempre, valemos mucho más que ellos.