Amor y aval bancario

Amor y aval bancario

Por Javier Beltrán-Domenech.

Amor y aval bancario

El amor es lo que tiene. Nos conocimos, nos enamoramos, buscamos piso y lo encontramos. Nuestro nido de amor por sólo 200.000 euros cuando ganábamos casi 2000 euros entre los dos. Acudimos al Banco y nos dieron el 120% del valor de la casa. Compramos por mitad cada uno, con el aval que nos pidieron de nuestros padres. No pudieron ni negarse, los pobres… Fuimos muy felices no-sabemos-cuánto-tiempo pues con el exceso recibido podíamos pagar la hipoteca, viajar y gastar.

Pero cuando el amor salió por la ventana en el nido sólo quedó uno, abonando la totalidad de la hipoteca mensual de “sólo 900 euros al mes”, y el otro, desenamorado, no quiso hacerse cargo de nada ni tampoco pagaba el I.B.I. ni el seguro de la casa. Condenado a abonar un importe mensual por importe muy superior a un alquiler en el mismo edificio, pero con la mitad de ingresos anteriores, el ocupante decidió dejar de pagar la hipoteca pero siguió pagando la comunidad pues vivía allí.

Amor y aval bancario

A los tres meses, tras recibir llamadas del antes amable director de la sucursal, desconectaron sus teléfonos móviles y, como el avestruz, escondieron la cabeza bajo la tierra esperando que nadie les molestase más. A los ocho meses llegó la demanda de ejecución hipotecaria con unos importes e intereses altísimos. Uno de ellos le dijo al otro que intentaría ir al Banco a que se quedara la casa por la deuda, pero no sabemos si fue o si le dijeron que no. Ninguno podía asumir una nueva hipoteca ni podía comprar al otro su parte. El Banco tampoco quitaba a los padres de avalistas de la operación.

Días después, los y las “suegr@s” recibieron la misma demanda. Entonces el grito se escuchó en Sebastopol y los amantes fueron llamados “a consulta” como los buenos embajadores. La reunión de los seis se celebró una tarde de sábado, sobre las 18 horas, en terreno neutral.

Una vez se dijeron literalmente de “todo”, pasaron a decidir qué hacer. Sopesadas todas las opciones, analizados los importes a retener de cada nómina, y vistos los bienes restantes de los padres de cada uno de los tortolitos, quedó claro que el banco, incluso si se adjudicara la vivienda, aún perseguiría por el mucho dinero restante a los avalistas. Por ello, decidieron abonar las cuotas pendientes, pues era posible siendo vivienda habitual de la pareja, pagar las costa, intereses, y continuar abonando la cuota mensual mientras, pensaban, podrían vender la casa en cuanto la crisis desapareciera. También podrían alquilarla.

Una frase se oyó una vez por cada tres minutos: ¿Pero cómo se nos ocurrió avalaros?

Amor y aval bancario.

Hasta aquí era una historia. Pero real. Y en modo alguno en modo jocoso. El asunto es más serio de lo que se puedan imaginar, y destroza familias enteras. Lo hemos visto. Da igual si eran dos chicas, dos chicos, dos amigos o si se casaron o no ¿Les suena la historia?

Nuestras leyes (Art. 1911 del código civil) obligan a responder con todos los bienes presentes y futuros por deudas contraídas. Hay ciertas excepciones pero en casos muy concretos. Puede pactarse que no, pero no lo admite prácticamente nadie. Pero lo que verdaderamente duele es cuando se da Ud. cuenta que el avalista de una hipoteca (familiar o amigo de los hipotecados, pero también uno de los hipotecados frente al otro) mantiene la misma posición que los dueños de la vivienda, y también responde con todo el patrimonio presente y futuro. No se lo han dicho con todas las palabras en la firma de la hipoteca, pero sí le han leído que renuncia al beneficio de excusión (vamos, que el Banco podía ir directamente contra el avalista sin tener que ir primero a por el deudor principal) Excusión…¿vaya palabra, verdad?

Lo ideal sería la venta de la casa siempre y cuando se ganara algo o simplemente no se perdiera más dinero. Perderá Ud. lo pagado pero también lo ha disfrutado y no ha pagado otro alquiler por vivir allí. Lamentablemente, y con el precio del mercado, esta opción sólo sucede en el 15 % de los casos.

Intentemos “sacarles o quitarles del aval”. ¿Es posible? Amor y aval bancario

Por muchos motivos (divorcio del yerno-nuera con su hijo-hija, fallos en los pagos mensuales que son avisados por el banco a los avalistas, y también por necesidad de no tener cargas ni avales para poder ellos mismos obtener crédito, entre otros) los avalistas quieren dejar de serlo. Y también quiere dejar de serlo el que ya se “marchó de la casa” pactando que el que se quedaba abonaría la hipoteca y, cuando se pudiera, lo quitaría de avalista. No les contaré lo desagradable de la situación, pues se la imaginarán, pero puede llegar a acabar con las relaciones de familias enteras.

Vayamos a por el único que importa: el Banco.

“Vayan a verle con la mejor de sus sonrisas y ofrézcanle la entrega del piso en pago de la deuda”. La entidad bancaria, que ahora demonizamos pero gracias a la que adquirieron su nido de amor, es una empresa: sólo ve números y su asunto personal no suele importarle mucho por más que antes le regalaran una vajilla o una sartén (recuerde que también le vendieron preferentes…) En realidad, el Banco le cumplió su sueño, ¿verdad?. Pues despierte porque es un prestamista, legal y necesario, y además es el único que puede “quitar” ese aval o garantía añadida (en realidad, pero esto es otra historia, era la única garantía y siquiera comprobó si los bisoños firmantes tendrían capacidad de abonar la cuota mensual) Como buen perro de presa, no soltará el jugoso hueso de los avalistas salvo si se le ofrece otro igual o mejor, previa escritura de novación, o de nueva hipoteca con pago y cancelación del total de la deuda (no se crean que les van a quitar así de fácil y sin pagar un euro)

Amor y aval bancario. Pueden también acudir a otro banco, que si les ve como nuevos cliente y con posibles puede ser les prestará el dinero para cancelar la otra hipoteca pendiente. ¿Les pedirá aval?

Si nos necesita, encantados de ayudarle.

www.divorcios-alicante.es

Javier Beltrán-Domenech
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