La aceptación de la herencia es un acto jurídico clave en el Derecho sucesorio español.…
La aceptación de la herencia es un acto jurídico clave en el Derecho sucesorio español.…
La truculenta historia de Johnny y Amber, en España, hubiera tenido un recorrido muy diferente. Para empezar, tendríamos que cambiarles los nombres y castellanizarlos como Juanito y Ámbar. Tampoco sería un proceso de “difamación” (la injuria o calumnia de toda la vida) sino un asunto de Violencia de género.
Un porcentaje elevadísimo de asuntos judiciales comienzan, y finalizan en uno u otro sentido, cuando alguien habla de más (charra como una cotorra, se va de la lengua, abre la boca, el pico, no calla ni bajo el agua, por la boca muere el pez y demás modos de decirlo).
Es un hecho objetivo que “los españoles” no se ponen de acuerdo en nada. Para muestra, las “autonomías”. Esto es de locos y a nivel legislativo y de idiomas ni les cuento. Aquí no hay quien se sepa si una ley se aplica, o se ha modificado, de lo cambiante que es. Tampoco es un país que cumpla voluntariamente con el fisco, por motivos históricos supongo, ni que acate voluntariamente leyes ni órdenes;
En un mundo informatizado, que se quiere mecanizar coordinando el derecho a un puesto de trabajo para el ser humano y que sea la máquina quien se moje, nuestros mayores o los más alejados del mundo tecnológico están sufriendo un verdadero maltrato tecnológico y deberían quejarse, demandar, denunciar, querellar y otras lindezas. Si no, pues nosotros por ellos.
Detrás de las más sórdidas estafas piramidales que vemos los abogados en los Despachos más que una habilidad del estafador existe una grave torpeza del estafado. La estafa del dinero siempre tiene a alguien detrás de Ud buscando, precisamente, cómo engañarle para sacarle la pasta. Y aquél lleva mucho tiempo estudiando cómo hacerle creer, sobre el papel, que Ud. se va a forrar.
Creo que los humanos somos más rutinarios de lo que queremos ser y preservamos las tradiciones. Por ello, toga sí pero cambiando algo fundamental: lo mismo que un médico no se cambia su bata con otro cuando entra a operar, por motivos obvios, en nuestra profesión debiera ser imperativo que cada abogado que ejerce en un Tribunal tuviera su toga y, manteniendo su propia esencia (su alma como diría aquél tan famoso) no intercambiarla jamás y bajo circunstancia alguna con nadie.