La frase «lo quiero para ayer» es una expresión muy frecuente cuando nos entregan un proyecto, un trabajo, una demanda… y más desde que la generación millennial, a la que pertenezco, se implantó con ella en el mundo laboral.
La frase «lo quiero para ayer» es una expresión muy frecuente cuando nos entregan un proyecto, un trabajo, una demanda… y más desde que la generación millennial, a la que pertenezco, se implantó con ella en el mundo laboral.
¿Puede el Tribunal Supremo poner límites a la libertad de expresión? La respuesta a la pregunta es sí. Debido al constante desafío que plantean las redes sociales, y del que continuamente se hacen eco los informativos, nuestro alto Tribunal tiene la ardua tarea de fijar dónde está el límite de la libertad de expresión que tanto sudor y lágrimas costó conseguir.
Hasta mediados del año 2017, gobierno y entidades aseguradoras y financieras estaban de acuerdo en promover entre los ciudadanos de edad avanzada la contratación de seguros de rentas vitalicias, proclamando tanto en prensa escrita como en televisión su atractiva fiscalidad para el asegurado, su cónyuge y sus herederos en caso de fallecimiento. Pero a finales del mencionado año, una vez más se ha producido el estallido de la “burbuja”, y al gobierno no le ha quedado más remedio que advertir a los clientes de seguros de ahorros a largo plazo, especialmente las rentas vitalicias, que con la subida de los tipos de interés que se prevé no está claro que recuperen todo el dinero invertido.
Bancos y demandas. Asistimos incrédulos al juicio público de una serie de productos bancarios que nos eran ajenos o prácticamente desconocidos hasta hace pocos años. Desde la sentencia del Tribunal Supremo de fecha 22 de diciembre de 2015, la litigiosidad sobre esta clase de productos ha crecido de forma exponencial.
La importancia de llamarse Juana.Todo sería diferente si en vez de llamarse Juana, el justiciable se llamara Juan. Por supuesto, todo sería diferente y no hablaríamos aquí si no fuera un tema de custodia de menores.
Si me permite, voy a hablarle de niños perfectamente normales, educados y sencillos que, acudan al colegio que acudan público, concertado o privado, ni gritan ni chillan ni ordenan ni mandan de forma habitual. Menores a los que Ud quiere cuidar y criar como si no hubiera un mañana para ellos…
…si sigue Ud. leyendo es porque Manolito, al que Ud. adora como padre, porque es su hijo, no se comporta como Ud. lo haría. Esa afición suya por las verduras, que Ud. no soporta, o por la carne rosadita, cuando Ud. la achicharra, no es normal. Sí…sí… podría parecerse a la madre, pero Ud. tiene una mosca detrás de la oreja y la mosca se está convirtiendo en moscardón.