Cuando la comprensión absoluta desplaza a la familia llega lo de que «la IA me quiere». No sonrían, es una frase que está por llegar y gana por goleada. La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta técnica. Se presenta como una presencia constante, comprensiva y emocionalmente accesible. En muchos casos, parece entender mejor que las personas reales y comienza a sustituir a las consultas de psicología.
La IA me quiere
Por Javier Beltrán-Domenech.
Esta evolución no es neutra. Comienza a ocupar espacios afectivos que antes pertenecían a la pareja, a los hijos y a la familia en su conjunto. Desde el Derecho de familia este fenómeno no debe analizarse con alarma moral, sino con prudencia jurídica. Cuando la IA sustituye la relación humana, la convivencia se resiente. Y cuando hay menores o personas vulnerables, las consecuencias dejan de ser privadas.
Una nueva forma de seducción emocional
La IA actual no discute ni cuestiona. Escucha, valida y refuerza emocionalmente al usuario. Su lenguaje es cada vez más cercano y, en ocasiones, claramente sensual. Esta interacción genera una sensación de comprensión plena que resulta muy atractiva. Nunca reprocha. No exige. Ninguna vez contradice. Cada vez es más sugerente y estudia y cosecha lo que Ud le dice.
Aquí surge la ironía. La Inteligencia siempre da la razón. La familia real no puede hacerlo. Esta validación constante puede provocar que el usuario se refugie en la relación digital y se distancie progresivamente de su entorno familiar.
En términos jurídicos, no se valora la tecnología, sino el efecto que produce en la convivencia y en las responsabilidades familiares.
Desplazamiento emocional en parejas con hijos
En parejas con hijos, la presencia emocional es esencial. La IA puede convertirse en un factor de desconexión cuando uno de los progenitores encuentra en ella una comprensión que ya no busca en su hogar. Esta ausencia emocional, aunque silenciosa, tiene consecuencias.
En procedimientos de divorcio, el interés superior del menor es el eje central. Si se acredita que el uso de la IA ha generado desatención, aislamiento o abandono emocional, el juzgado puede valorarlo al adoptar medidas de custodia o régimen de estancias.
La IA no es la causa del conflicto, pero sí puede acelerarlo y agravarlo.
La IA y los adolescentes: comprensión sin límites
Los adolescentes constituyen un grupo especialmente vulnerable. En una etapa marcada por la inseguridad, la IA ofrece escucha inmediata y aceptación sin condiciones. Para muchos menores, resulta más comprensiva que padres o educadores.
Desde la óptica del Derecho de familia, esta situación preocupa. La Inteligencia puede influir en el desarrollo emocional del menor y debilitar los vínculos familiares. En conflictos relacionados con la patria potestad o la custodia, el uso excesivo o inadecuado de estas herramientas puede ser relevante si afecta al bienestar del menor.
La IA no educa. Solo confirma. Y esa confirmación constante no siempre es saludable.
La IA y los abuelos: la soledad como terreno fértil
La IA también está ocupando un espacio creciente entre las personas mayores. Muchos abuelos encuentran en la inteligencia artificial una compañía constante, paciente y amable. La IA escucha sin prisa y responde sin cansancio.
La ironía vuelve a aparecer. La IA siempre está disponible. La familia, no siempre. Esta dependencia emocional puede afectar a la dinámica familiar y, en determinados casos, tener implicaciones jurídicas en situaciones de cuidado, convivencia o gestión patrimonial.
El Derecho no ignora estas realidades cuando generan conflictos familiares.
Consecuencias económicas del vínculo con la IA
La sofisticación de la IA suele implicar costes económicos. Suscripciones, contenidos personalizados y servicios avanzados. Cuando estos gastos se sufragan con recursos familiares, el conflicto emerge.
En Derecho de familia, el uso indebido de fondos comunes puede ser valorado judicialmente. Especialmente si afecta a las necesidades de los hijos o al equilibrio económico del hogar. La tecnología no exime del cumplimiento de las cargas familiares.
El Derecho de familia ante una realidad silenciosa
El ordenamiento jurídico español dispone de herramientas suficientes para abordar estas conductas. No es necesario crear nuevas normas. La IA será analizada como cualquier otra conducta que afecte a la convivencia, a los menores o a personas vulnerables.
Que la IA comprenda no significa que sustituya la responsabilidad familiar. Tener siempre la razón no equivale a cumplir con los deberes legales.
Si una inteligencia artificial comprende mejor que la familia, algo se está rompiendo. La IA ofrece comodidad emocional. La familia exige esfuerzo. Cuando esa balanza se inclina, el Derecho de familia acaba interviniendo. Porque una IA puede darle siempre la razón. Un juez, no.
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