La guerra de Sánchez

La guerra de Sánchez

Cuando piensas que no puede suceder algo peor, ocurre. Sólo cuando has tocado fondo logras que cualquier cosa que suceda, por mala, sea mejor que la anterior. Y luego te repones. Pero aún no hemos llegado ahí mientras alguien se crea que estamos en guerra y que es la guerra de Sánchez. Y, mucho cuidado con ésto porque, aunque sea ficticia, es su primera guerra. Y no tiene ni la más remota idea de cómo dirigirla.

Por Javier Beltrán-Domenech

La guerra de Sánchez

En este momento de nuestras vidas, a millones de españoles que no estamos afiliados a partido político alguno nos importa un bledo que un Presidente sea socialista, comunista, marxista leninista, socialdemócrata, fascista, neoliberal o que gire de izda a dcha. o viceversa según le sople el viento. Ahora nos da igual su credo, su religión, su sexo e incluso su género. Pero necesitamos un gobernante que ordene todo éste desastre de organización. Sinceramente, la figura y el tipo que lo ocupe ahora nos importa muy poco, pues le pagamos para que nos sirva y nos represente durante los años de su mandato. Nada más.

Su última comparecencia, leída otra vez ante los medios y con un discurso realizado por guionistas cinematográficos de Pixar en el que nos tuteaba, será recordada igualmente en los anales de la historia como el plagio más sonado del siglo 21. Sólo le faltó un uniforme militar y siete medallas en la pechera. Hay quien le asimila a Gila con lo del robo de Turquía. En este caso, su mensaje insistía en ser “EL” un “mando único”.

Pero…¿quién se ha creído que es? ¿Kennedy, Churchill…quizá Suárez…Obama? ¿O se ha creído que es Patton, McArthur, Montgomery o Eisenhower? ¿Que estamos en Guerra, dice? ¿Acaso huele a napalm en Moncloa cuando se levanta, citando al coronel Kilgore? Será su guerra, la guerra de Sánchez. Fusiló, aprovechándose de la nula conciencia histórica de la población más joven y adolescentes, a los que premió por lavarse las manos, frases de los anteriores en su discurso, cambiándolas de orden.

La guerra de Sánchez
La guerra de Sánchez

Lo anterior, bien entendido, da mucho de sí y, por antecedentes, incita a que los que le hicieron su tesis, presuntamente, le han plagiado también el discurso. Por lo menos podía haberles citado y haber adquirido el carácter de político humanista, historiador y renacentista. Pero no. Me planteo incluso que, es posible, siquiera sepa que esas frases ya las han dicho otros.

La guerra de Sánchez

Sr. Sánchez, no estamos en guerra.

Ud no tiene ni puñetera idea de qué es una guerra y a su trayectoria me remito. Si estudia Ud la historia, y vida, de los anteriores políticos y militares, a los que le hacen emular desde que llegó a la Moncloa, sabrá que en una guerra no se tiene a la población desarmada, amedrentada, convertida en policía de su vecino y sin medios de defenderse y abastecerse. En una guerra no se impide a dos personas salir a la calle y volver a su casa tras un paseo. En una guerra no se impide a nadie trabajar ni salir a hacer deporte. Al contrario, se les enseña a cómo hacerlo bien por lógica, por economía y por su propia salud mental. Tiene Ud un Congreso para hacerlo bien. No lo desaproveche.

Y no me diga que es una guerra bacteriológica y que requiere únicamente confinamiento. Ud no es siquiera el “profesor Bacterio”. En una guerra bacteriológica no se envía a “primera línea de fuego” a los profesionales médicos, sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad, logística, transporte y demás esenciales sin adecuada vestimenta, recursos y armamento. Y mucho menos avisándoles que lo iba a hacer para su mayor desesperación. La guerra de Sánchez.

En una guerra se forman inmediatamente cuerpos civiles y todo el mundo se pone a trabajar en lo que sea de forma inmediata. Y eso es lo que, sin su conocimiento y sin su petición, estamos haciendo millones de españoles. Pero no gracias a Ud, sino a los pequeños y grandes empresarios. No sea Ud un comegambas, como le ha dicho el dueño de una lavandería que trabaja gratis para los médicos y demás personal de un centro de salud de España. Tipos como ese sacarán del lío a este país, no Ud.

“Vivan de sus ahorros” nos dice, y “sacrifíquense por su país”. Su nula experiencia en situaciones complicadas nos va a matar a todos. Tiene Ud tal miedo, que se asoma a sus ojos y a sus gestos, que asusta a los demás con una guerra en la que Ud se ha autoproclamado el… Almirante de la flota…¿Ud…? Entiendo que su ego insaciable le haga, como si fuera Ud un político histórico, hacernos creer en esa, su guerra, y que Su gobierno, por ignorancia y desconocimiento, ha instaurado el MIEDO como medio de resolver un problema.

La guerra de Sánchez

Ha confinado, y el tiempo le dirá que era ilegal, a millones de personas en casa cuando, uno, el estado de Alarma no es eso, y dos, siquiera sopesaron opciones. ¿Por qué? Porque, como han hecho con los temas de género, con las televisiones, con el cambio climático, y con muchos otros “motivos”, inyecta Ud miedo en el cuerpo de los que no comulgan con Ud. Se aprovecha de la gran incultura de la gente. Ha impuesto, vía Real Decreto, que sólo hay dos opciones: o la salud o la economía, mediante una simple y básica consigna: MIEDO. Miedo de salir de casa, miedo a cruzarse con un vecino, miedo a respirar. Miedo a luchar. Miedo a trabajar.

Déjeme citar algo del pasado por un momento: pese a los múltiples avisos de que llegaba el Lobo, Pedro (así se llamaba casualmente el niño del cuento) tuvo pánico al qué dirán y se la jugó, con la prepotencia que caracteriza al que no tiene ni idea de qué hacer y saca pecho, con nuestra salud y con nuestra economía. Y no me cuenten esto de que “a cualquier gobierno le ha pillado” y lo de que “es que era imposible evitar” porque, si yo fuera Presidente, me informaría de cómo funciona el cargo cuando llego y me dejaría de eventos sociales y demás chorradas.

La guerra de Sánchez

Me centraría en servir a mi país y no a mi partido ni a su séquito. Eso debe acabar tras las elecciones. Con la información que dispone un Presidente de un país es obvio que uno debe dejarse de chorradas cuando las cosas pintan mal en otro lado del mundo. Estrategia de prevención, la llaman, y Corea del Sur era un espejo al que mirarse. Y si bien es fácil hablar a toro pasado, hasta aquí la apreciación de las navidades pasadas. Vamos al futuro.

Si le queda, y espero que sí, un mínimo de sentido común, debe trabajar de forma urgente sin pensar, con la que está cayendo, si luego seguirá o no con su colchón en la Moncloa. Eso debe ser secundario ahora. Debe dejar paso a empresarios y técnicos. Debe dejar de lado la ideología política que ahora no sirve absolutamente de nada, salvo para ganar unos votos que, me temo, no le serán favorables haga lo que haga.

No somos idiotas, ni somos sus hijos. Es Ud. el puto presidente de una nación. Ejerza, por favor, como tal. PONGA A TODO EL MUNDO A TRABAJAR. AHORA. YA. MAÑANA SERÁ TARDE. LIMITE AFOROS, DISTANCIAS, Y DISPONGA DE LOS MEDIOS PARA QUE TODOS LOS SISTEMAS ON LINE SE ACTIVEN INMEDIATAMENTE. Establezca medios, órdenes, y lo que considere preciso para evitar el contagio de los más sensibles (conoce Ud perfectamente el colectivo) pero abra el país a trabajar, a luchar como Ud diría.

Permita apertura de TODAS las Administraciones públicas, de los pequeños, medianos y grandes comercios, abra bares y restaurantes, aunque sea para llevar, abra establecimientos de lotería, porque de ilusión también se vive, talleres, perfumerías, peluquerías, obras en lugares abiertos, abra oficinas…y todo lo que pueda devolvernos a la vida económica y social. Reduzca la maldita burocracia. Ponga a trabajar a TODO el funcionariado que está en casa pero deje que la gente se sienta útil. ES ABSOLUTAMENTE CONTRAPRODUCENTE CONFINAR AL PAÍS.

Ya me despido, Mr. Presidente, con una frase del tremendo general George Smith Patton:

“El miedo mata a más personas que las guerras.“

Por Javier Beltrán-Domenech
www.javierbeltran.org

Javier Beltrán-Domenech
¡Gracias por leernos! En 2020 cumplimos 25 años. Tras miles de asuntos judiciales a nuestras espaldas, sabemos que es imprescindible tener a su lado un buen abogado que le guíe por el complejo mundo judicial. La Justicia no existe sin un buen abogado a su lado.

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