La estafa del apalancado

El caso que voy a contar, La estafa del apalancado, es un expediente judicial real. La Odisea ha durado más de 11 años y si bien en aquel poema aparecían sirenas, hechiceros, lotófagos, cíclopes y otros seres de mal convivir, en nuestro caso y adaptado al siglo XXI también hay personajes que deben retratarse por sí mismos.

La estafa del apalancado

Por Javier Beltrán-Domenech (www.javierbeltranabogados.com)

En 2008 “Odiseo”, así llamaremos a ese cliente, traspasó una parte de sus ahorros a una entidad bancaria como condición solicitada para obtener, por credibilidad, una futura hipoteca. Mientras se finalizaba la obra de la vivienda que había elegido, el Director le aconsejó “mover en corto” el dinero y el cliente realizó con la entidad depósitos y plazos fijos sin riesgo alguno de tipo “conservador” al que se “premiaba” con una TV, Consola de videojuegos o similares “premios” por inversiones de corta duración.

A finales de 2009 el director de dicha oficina le propuso, pues era casi final de año y él tenía que superar objetivos, invertir 10.000 euritos en un producto de ganancia segura conforme su perfil conservador. El director avanzó que, por la seguridad del producto y por ser él un cliente PREFERENTE, el propio Banco iba a implicarse con el cliente y así “aportaría con él el 90% del depósito”.

La estafa del apalancado

Cuando don Odiseo acudió al banco a firmar el depósito, el director se había marchado y el personal allí presente le dijo que debía ir a una notaría muy cercana a firmar. Sorprendido, don Odiseo cuestionó la operación (le dijeron era una póliza). El director, avisado por los empleados, le llamó por teléfono y le explicó que los gastos de la contratación de este producto se hacían de este modo, ante notario, y que todo gasto ya estaba incluido. Le dijo varias veces que no se preocupara, que era un producto normal.

Don Odiseo acudió, aún suspicaz, a la notaría, firmando en el mostrador, sin formalidad alguna, un documento donde el Banco le prestaba 90 mil euros, y los pignoraba aportando él 10 mil. Como la validez se posponía a un contrato con el Banco, al día siguiente acudió a ver al director quien le explicó que se trataba de un novedoso “contrato financiero a plazo” de cuyo nominal suscrito, 100.000 euros, él contribuiría sólo con 10.000 y que sólo podría perder 500 euros (el coste de la notaría) al final. Así se hizo.

La estafa del apalancado

Transcurridos 18 meses desde tal firma y llegado el vencimiento de dicho contrato en mayo de 2011, a las 8 h la cuenta del cliente aumentó 100 mil euros (“ingreso de préstamo”) para, a los segundos, disminuir de nuevo en 94 mil (“cuota impagada de préstamo”) Luego, ante su estupor, le fueron quitando el resto en cuestión de minutos como “gestión de apuntes contables”. De los 10.000 euros depositados como inversión, 9750 fueron considerados intereses de un préstamo de 100 mil que ni había disfrutado ni sabía dónde y cuándo, y sobre todo quién, había invertido.

Pese a que la operación en su conjunto sí dio beneficios a la entidad (unos 20 mil euros en 18 meses nada más y nada menos), también ganaron los 10 mil euros de don Odiseo quien “jugó en bolsa en nombre y beneficio del Banco, lo pagó todo, se endeudó sin necesidad durante 18 meses sin percibir un euro y no ganó nada con dicha operación”.

Acudió al Banco, le remitieron de uno a otro sitio y, por las cosas de la vida, Odiseo lo dejó en la mesa.

La estafa del apalancado

A los años, don Odiseo seguía pensando en la estafa, habiendo cancelado cualquier actividad con ese Banco, y decidió entregar su asunto a una letrada de su despacho. Pues sí, no les he dicho que don Odiseo es abogado. Pero no se dedicaba a este tipo de asuntos ni le interesaba el negocio bursátil precisamente por puro desconocimiento.

María Martín Robles
María Martín Robles

Penélope, que así se llamaba la letrada, interpuso una demanda contra el Banco muy bien fundamentada. Cuando el banco contestó a la demanda, y en un alarde del ridículo más espantoso jamás visto, se aportó por el letrado de la entidad contraria fotocopias de un blog sobre artículos bancarios de la web de Odiseo, en los que precisamente aparecía la foto de la letrada, ya que era ésta quienes los redactaba.

En la vista del juicio, el letrado de la prestamista, sin duda pensando que heredaría el Banco, despachó en alta voz su propia miseria personal explicando que habían “pillado” al experto abogado demandando para “estafar” al Banco y otra serie de lindezas. Odiseo tuvo que verlo en video pues, para evitar que hablara y contara la verdad, el contrario no le había pedido interrogatorio el día de la vista. En tal grabación, además, Odiseo nos hizo notar cómo el juzgador del caso, que además conocía al cliente de otros asuntos judiciales, usaba continua y compulsivamente su teléfono móvil sin más atención al juicio. La sentencia, que desestimó la demanda única y exclusivamente por ser abogado y no ser posible su engaño (sic), fue extremadamente corta, idem de fundamentación, y le impuso las cosas.

Tras el jarro de agua helada don Odiseo decidió recurrirla a sabiendas de que, si perdía, supondría un alto coste de minutas de honorarios de aquel patético letrado (casi un 50% de lo que reclamaba) Penélope dejó su mesa vacía para volcarse con el asunto y preparó un recurso de los de sobresaliente cum laude.

A los meses, los jueces de la Audiencia estimaron el recurso y, previo valorar que se puede ser engañado, estafado y mofado siendo barrendero, notario, abogado, economista, albañil, juez o escritor, condenaron al banco a abonar a don Odiseo la cantidad reclamada, los intereses desde la demanda y a pagar las costas procesales. Y así, sin más valoraciones, lamentos, penas o trasiegos, el asunto quedó firme y tras cobrar Odiseo su dinero Penélope cobró las costas del juicio.

Nos encanta cuando las cosas salen bien. Y cuando tienes razón, suelen salir pese a que la Justicia, en primera instancia, brillara por su ausencia y se basara en vergonzosos prejuicios. Así ha sido y así se lo he contado.

Javier Beltrán-Domenech.

Javier Beltrán-Domenech
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