la maldad del abogado

“ P: ¿Qué significan 15.000 abogados atados con grilletes en el fondo del mar? R: Un buen comienzo…”

La maldad del abogado

La broma que cito, morbosa por cierto (mis disculpas a los más sensibles) definiría no sólo el volumen ingente de abogad@s que existen en cada uno de nuestros pueblos y ciudades, sino la consideración popular, sobre todo en la gente con menos formación académica o más humilde, de la inutilidad y estorbo de aquéllos para iniciar un asunto (“pleitos tengas y los ganes…” dice la maldición gitana)

Como en todas las profesiones, creo firmemente que “sobra” un porcentaje muy elevado de abogados y que, una vez realizada la criba, existirá un 12 % de los restantes (sí, lo tengo estudiado…) que no deberían ejercer nunca. No sólo por su ineptitud profesional, su carencia de estudios específicos, su falta de actualización, su desprecio a la lealtad y la moralidad, sino por su maldad innata hacia el cliente y abogad@ contrario. Por su necesidad de vivir la vida de su cliente y de litigar contra el otro por falta de vida propia.

No me he explicado, y por ello no me quieran entender aún.

La maldad, la crueldad, la envidia, la deslealtad, aplicada al Derecho, aumenta exponencialmente comparativamente con la maldad, por ejemplo, que puede tener un vendedor de coches. En nuestro mundo jugamos con menores, con dinero, con herencias, con personas, y el que no sepa tratar con esto no debiera ejercer la abogacía. El niño y la niña no es suyo, ni el dinero, ni el trabajador, ni tampoco el edificio que se vende. El abogado malo no sólo perjudica al contrario de forma personal, por la inquina propia, sino también al propio cliente que, muchas veces por desconocimiento, es forzado por el malvado en su propia locura.

No crean otra cosa: los mejores abogados que conozco son excelentes personas y, además, siempre sonríen; siquiera pierden un segundo en el entretenimiento de dañar al tercero, sino en conseguir el resultado con el menor coste personal y económico del cliente. Son duros, sí, pero son justos. No ha ido Ud. a un despacho a ver a su coach emocional, aunque a veces nos hagan sentir así.

Me he dejado llevar por mi propia pasión pero freno, y finalizaré con una pregunta pues, se bien porqué, me está viniendo a la mente el inefable Dr. House:

¿Preferiría Ud. que su abogado fuera un amigo, confidente, un hombro al que llorar y que llorase con Ud., y perdiera su juicio finalmente, o que el letrado no fuera sino un conocido, fuera distante, arrogante, hasta inconexo con Ud. y de burdas maneras, pero ganara su caso…?

Piensen… porque quizá haya una tercera respuesta. Busquen a ese abogado de su personal e intransferible tercera respuesta. No pierdan tiempo de su vida, ni su juicio, con un abogado ruin o malvado por sí mismo, porque él disfrutará en el lodo y Ud. no.

Javier Beltrán-Domenech

 

www.javierbeltranabogados.com

Javier Beltrán-Domenech
¡Gracias por leernos! En 2020 cumplimos 25 años. Tras miles de asuntos judiciales a nuestras espaldas, sabemos que es imprescindible tener a su lado un buen abogado que le guíe por el complejo mundo judicial.

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